La cultura en la construcción de Identidad

septiembre 12th, 2011

1º Informe de avance de la investigación: “La cotidiana en la Ciudad de la Costa”
Lic. Susana Canepa
Agosto de 2011

La cultura en la construcción de identidad…

“Pensar es experimentar, pero la experimentación es siempre lo que se está haciendo: lo nuevo, lo destacable, lo interesante, que sustituyen a la apariencia de verdad y que son más exigentes que ella.”
(Deleuze, G / Guattari, F.,1993)

El objetivo de este trabajo es pensar a partir de la pregunta: ¿Qué significa el sentimiento de identidad en los habitantes de la Ciudad de la Costa y cómo incide en su calidad de vida? , cómo impacta la cultura en el modo de vincularse que hace a la construcción de una identidad local, desde la mirada de la Antropología Cultural. Esto implica además, pensar en lo producido en ese encuentro desde mi “doble” implicancia: observador (etic) y miembro de la comunidad (emic).
Por qué…
La investigación surge desde mi trabajo como miembro de la Cooperativa de Intervención y Abordaje Psicológico – Eduacativo (CIAPE) en tareas de intervención comunitaria con diferentes actores y como psicóloga clínica con pacientes residentes en la zona. Muchos de ellos, traen con preocupación el deterioro en las relaciones personales, la queja potente y sostenida sobre la indiferencia y desinterés respecto a las propuestas de participación y compromiso en temas que los inquietan: seguridad; vecino alerta; solidaridad; violencia, etc. A esto se suman los cambios en los grupos de pobladores, las modificaciones arquitectónicas y los proyectos políticos que han producido modificaciones en el ser, estar y hacer en la zona.
Dónde…
Ciudad de la Costa, así se denomina nuestra comunidad, es un sistema social de raíz local con particularidades propias que la caracterizan: playas, bosques, flora y fauna costera; con intereses compartidos por sus habitantes: tranquilidad, espacio, jardines, veraneo, trabajo, entre otros.
Declarada “Ciudad” en 1994, se encuentra ubicada al Este del Departamento de Canelones, con playas sobre la costa del Río de la Plata entre el Arroyo Carrasco y el Arroyo Pando. En sus orígenes se constituyó como zona de veraneo con “balnearios”. En la década de los 80, sufre un crecimiento demográfico explosivo consecuencia de un proceso migratorio desde Montevideo y se establece como “ciudad dormitorio”. El censo de 1996 evidenciaba una población de 66.402 habitantes, 92,6% más que en 1985. Los diferentes “balnearios” comenzaron a modificarse, consolidándose como lugar de hábitat permanente, transformándose en “barrios”, lo que pautó la nominación de Ciudad. Sin embargo, en la definición de los límites geográficos – políticos hay contradicciones…
“…El parlamento definió los límites de la Ciudad (Montevideo) con Paso Carrasco incluido, y a continuación delimitó la Ciudad de la Costa dejando adentro de la misma a Paso Carrasco (…) La Junta local de Paso Carrasco tiene como jurisdicción a la denominada “Ciudad de Paso Carrasco” (…) Existe una “especie” de Junta Local de Colonia Nicolich, Empalme y Aeroparque que en realidad es una “Oficina Delegada” que abarca un territorio que en parte pertenece (por Ley) a la Junta Local de Pando, pero que en su totalidad está incluido en la Ciudad de La Costa. (…) Los habitantes más costeños de Paso Carrasco – Barra de Carrasco – no se sienten integrantes de Paso Carrasco, sino de la Ciudad de la Costa, ya sea en relación con el gobierno municipal como con la identidad como vecinos (…) Los habitantes costeños han desarrollado una identidad, un sentido de pertenencia respecto a su balneario hoy convertido en un barrio de una gran Ciudad. Por su parte los habitantes de Empalme, Colonia Nicolich y Aeroparque no parecen muy preocupados por estas cuestiones y no les parece mal pertenecer a Ciudad de la Costa.” (hombre, 60 años; informante calificado)

Allá y entonces, la zona estaba dotada de una organización institucional con funciones sociales acorde al número de pobladores. Sin embargo, el crecimiento poblacional no fue acompañado por un adecuado desarrollo en la infraestructura de servicios, gran parte de la ciudad carece de saneamiento, presenta dificultades en el alumbrado y caminería pública. Los recursos sociales – recreativos y asistenciales específicos son escasos; aunque hay un gran número de organizaciones socio culturales y centros de asistencia en salud (policlínicas barriales) ubicados en distintos puntos de la zona que intentan cubrir las demandas.
Momentos significativos del devenir Ciudad:
 década del 70: de la certeza del Estado de Bienestar a la instalación de la desconfianza; balneario con modelo de familia patriarcal; grandes espacios verdes deshabitados; la comunicación: teléfono, luz, agua, centralizados en determinadas familias.

 década del 80: la concepción de “vecino”; en los años de dictadura (hasta el 85) emigraron familias en busca del anonimato, trabajo, tranquilidad; la zona comienza a transformarse en una opción viable para establecerse, ya que las propiedades eran de bajo costo en relación a Montevideo y a la vez próxima a la misma. Después del 85, explosión demográfica, con búsqueda de mejor calidad de vida; tranquilidad respecto a la vorágine de actividad política de la capital. En las zonas verdes, se asientan familias montevideanas que quedan excluidas del sistema laboral (desocupados o sub empleados) y comienzan a residir paulatinamente habitantes del interior del país en busca de trabajo y vivienda.

 década del 2000: emigración masiva de familias que residen fundamentalmente al sur (Gianattassio al sur) quedando viviendas vacías que son ocupadas por “intrusos”. Se instalan centros de estudios (magisterio; profesorado; UTU tecnológico) que promueven estudiar e insertarse laboralmente en la zona sin necesidad de trasladarse a Montevideo.

 Tras la crisis del 2002 muchos fueron los esfuerzos de las autoridades, grupos y organizaciones locales para apostar a la construcción de una identidad local. Múltiples encuentros promovidos por Instituciones de Salud, Educativas, Deportivas, Culturales entre otras, multiplicaron sus esfuerzos por construir espacios de encuentro de producción local, tal vez apelando a esta concepción del “vecino”. Convocando al encuentro con historias, preocupaciones comunes, invitando a salir del “detrás de las rejas” para acercarse a “poner en palabras” y reinscribir una dinámica de “barrio” y de “vecino” .

 hoy… se multiplican y diversifican los cambios… saneamiento, terminales de ómnibus, doble vía en la Rambla, construcción del Centro Cívico en Gianattassio, Proyecto de construcción en el Parque Nacional Roosevelt de un Centro Polifuncional… entre otras…

“Esos acontecimientos y actividades reales constituyen el aspecto conductual de la cultura.” (Marvin, H. 1990. pág. 27)

El desafío es reflexionar entre lo latente y lo manifiesto de lo socialmente transmitido y aprendido para habilitar el dialogo que promueva otras formas de ser, estar y hacer entre los vecinos de la zona.

¿Cómo integrar esta diversidad de acontecimientos en la identidad local? La crisis del 2002 trajo aparejado otras reglas de juego en lo local: desconfianza y peligro potencial “…nosotros ya no salimos de casa por el miedo que nos roben… no alcanzan las rejas, los perros, la alarma…” (mujer, 65 años). Mientras que, las políticas públicas de los últimos años implican cambios respecto a que “…la zona está cada vez más linda, el Centro Cívico es una pegada porque tendremos un shopping, cine y movida, ya no nos vamos a mover de acá… era lo que faltaba…” (hombre, 21 años).
Surgen sentimientos encontrados de aceptación o rechazo ante lo nuevo que se está imponiendo y que modifica la realidad cotidiana.

LA COTIDIANA EN LA CIUDAD DE LA COSTA…
“Lo que tiene nuestro destino de nuestro y de distinto
es lo que tiene de parecido con nuestro propio recuerdo.” Eduardo Mallea

“Siempre bello, hermoso, leyendo, pintando, dibujando, mirando a través de la ventana la naturaleza y disfrutando del jardín…. Con mi música, mi lectura, mis amigos, mis hijos, mis nietos, la familia…” (hombre, 75 años)
“…tranquilo, con mis amigos o en facultad, los fines de semana con la familia…” (hombre, 23 años)
“Tranqui, rutina familiar y amigos; si quiero ir al cine vamos al shopping.” (mujer, 39 años)
La vida cotidiana es un proceso que se construye desde lo individual y lo social. En la interacción con otros, la imagen de sí mismo mantiene la esencia y continuidad a través del tiempo aunque está en permanente movimiento, acomodación – reacomodación; constituyéndose cada vez. En este proceso incide la historia de cada uno, las características personales, los rasgos semejantes y comunes de los grupos de pertenencia, el momento histórico en el que se vive; integrando pasado, presente y la proyección a futuro. Mientras que, la conciencia de sí mismo posibilita la auto percepción subjetiva necesaria para confrontarse con la mirada de los otros y la realidad. Así vivencian los locatarios esta realidad cotidiana… el proceso de historización permite tomar contacto con el sentimiento de pertenencia a la zona…
“La conciencia de pertenecer a una gran Ciudad se está construyendo al mismo tiempo que la ciudad misma. Las obras como el saneamiento, el Centro Cívico, la iluminación de Giannattasio y la Rambla, la Plaza de Becú, etc. son algunos íconos que si bien no son lo único, van a incidir incluso en los medios. Lamentablemente si aparecemos en la Tele existimos y si no, es como que estamos fuera, somos marginales de la vida misma.” (hombre, 60 años – informante calificado)
La Gran Ciudad…
La Ciudad de la Costa se encuentra en un proceso de vertiginoso cambio respecto a sus características sociales – económicas – culturales y poblacionales que incide en la situación socio económica dispar de sus habitantes. Actualmente se la considera zona metropolitana, lo que supone pensarla como una extensión de Montevideo, aunque tiene características propias que la diferencian. Augé se interroga acerca de “¿es la ciudad un mundo? ¿o el mundo se convierte en ciudad? (Augé, M. 1998, pág. 127)
Las modificaciones arquitectónicas y ecológicas están impactando tanto en la interacción psicosocial como en el sentimiento de pertenencia e identidad entre los vecinos: “El desafío de construir nuestra propia identidad está asumido por algunos protagonistas del medio, activistas sociales, culturales, deportivos, políticos, y hay mucho por hacer. Creo que también es un desafío para sicólogos sociales, antropólogos, urbanistas y aún para especialistas en marketing. Estamos ante una ciudad única en el país y tal vez de muchísimos países que con su tamaño carece de medios efectivos de comunicaciones (…) cualquier pueblito tiene radios y TV locales capaces de informar a todos los vecinos sobre las cuestiones locales.” (hombre, 60 años – informante calificada)
Los vínculos interpersonales y el modo de relacionamiento con las instituciones locales han generado nuevas formas de cohesión social, redimensionando la pertenencia al grupo e identificándose con su idiosincrasia: emergen colectivos ecológico – geográficos definidos: residencias y ocupación de viviendas al sur; asentamientos al norte de la zona; entre otros. En esta interacción se va experimentando una forma de convivencia en la que “La cultura… consiste tanto en acontecimientos que tienen lugar dentro de la mente de las personas como en la conducta exterior de estas mismas personas.” (Marvin, H. 1990, pág. 34).

A esta experiencia, el propio colectivo le otorga un sentido porque “Una sociedad es un grupo de personas que comparten un hábitat común y que dependen unos de otros para su supervivencia y bienestar.” (Marvin, H.1990, pág. 21). En la Ciudad de la Costa es donde cada uno de los habitantes se reconoce y define en el aquí y ahora, y es también el lugar de la identidad en la filiación histórica compartida desde la experiencia y el discurso. Una interrogante más… acá, se narra el devenir… o simplemente suceden cosas… cambios, a los que se van acomodando…

El apego al lugar hace al proceso de identidad con el lugar donde se vive, se satisfacen necesidades comunes, se generan actividades para alcanzarlas, se comparten y disfrutan los logros. Sin embargo, hoy la fantasía de que “todo tiempo pasado fue mejor” es una constante, se está perdiendo el sentimiento de “buen vecino solidario”, del “nosotros” colectivo se está pasando al “yo” personal.

Si el lugar simboliza el encuentro con otro/os, la relación de cada uno consigo mismo, con los demás y con una historia compartida promueve la identidad que requiere de valores de grupos aceptados y compartidos desde la individualidad en el ir siendo/haciendo con otros. Es en esta interacción que se construye la identidad social con la que se adapta e interpreta el entorno… “…recién llegado al balneario iba todos los días a trabajar a Montevideo en ómnibus que pasaba a determinadas horas y si lo perdías había que esperar horas. Un día llovía mucho y vi que venía el ómnibus y empecé a correr para alcanzarlo, llovía hacía horas y sin darme cuenta dónde terminaba la calle, de repente no sentí el piso y me caí, era una cuneta y no podía salir, entonces empecé a “nadar” y me costó mucho dar pie…. Volví a mi casa a bañarme y bueno de ahí en más los días de lluvia salía con más tiempo para “ver” por dónde caminaba… hoy sigue pasando lo mismo… los pozos son un hecho… ” (hombre, 70 años)

Desde el inicio de la vida, el ser humano nace y pertenece a un vínculo, lo construye y es constituyente de su subjetividad. En el devenir, “la obligación” de pertenecer implica la “obligación” de elegir el modo de hacerlo. Realidad dinámica que conlleva a modificaciones a lo largo de la vida, y se deben a las diferentes inserciones que se establecen con el entorno social. Así, se va generando un estilo idiosincrático de experiencia intersubjetiva como resultado de la presión social que aporta formas de pertenecer establecidas por las instituciones que las rigen (familia; educación; trabajo) además de la presión pulsional por la puesta en juego de aspectos intrasubjetivos. Estos procesos impactan en los modos de subjetivación individual y repercuten en la forma de relacionamiento con el contexto. Y el vínculo aparece como vector para pensar los procesos intersubjetivos, se “sabe del otro” y el “otro sabe de mi”, elemento protector al tiempo que discrimina dimensiones de ese saber-conocer porque adquiere formas de información, control e intercambio.

Es en este ser/hacer que el yo desde el espacio intrasubjetivo se combina con el espacio intersubjetivo para devenir con los otros y promover la inscripción de pactos y acuerdos inconscientes que promuevan el vínculo social. Cada sujeto necesita articular vivencias, valores, códigos y normas de su estructura de origen (familia) con lo socialmente instituido por el macrocontexto-cultura en el que está inserto, trascendiéndolo permanentemente. La identidad hace a lo inter cambiable… de lo in cambiable del sujeto; pero no hay identidad sin alteridad, sin modelos impuestos por la cultura. El yo en el entramado subjetivo se recorta sobre el telón de fondo del otro….
Si pensamos la identidad comprendida como lo idéntico, lo mismo, semejante a alguien, vemos que se construye desde el afuera, desde un modelo real o ideal impuesto por la cultura. De esta manera, las formas de ser y estar son penetradas en lo local desde lo macro conformando subjetividades en interacción. Los múltiples atravesamientos que intervienen desde la cultura complejizan la posibilidad de visibilizar “una” identidad posible… significa entonces, que conviven múltiples identidades? lo idéntico, lo mismo, lo semejante, a qué? el espacio-tiempo de la convivencia es un elemento necesario pero no suficiente en la construcción de identidad…

La confianza, donde se juega la temporalidad y proximidad, es necesaria para el desarrollo de múltiples procesos emocionales e intelectuales que promueven la subjetividad y ayuda a percibir a los otros como confiables o enemigos potenciales. La crisis económica, las masivas “mudanzas”, los cambios de vecinos, la llegada de instituciones (BPS; BHU; entre otros) las construcciones (residencias; asentamientos) y las mega construcciones, han promovido modificaciones en el modo de relacionarse, afectando las relaciones estables y permanentes. Aparecen con fuerza el sentimiento de desarraigo y desconfianza que promueven sentimientos de temor y daño, provocando permanentes estados de alerta tanto en los residentes como en los “recién llegados”. Por eso, se hace necesario pensar en la calidad de vida de los habitantes desde las relaciones interpersonales expansivas, desde el tejido social y el espacio público que moviliza y reúne; y produce subjetividad en el permanente interjuego entre factores personales, relacionales y colectivos.

“Cada barrio tiene sus propias características, en algunos existe un grupo que ejerce cierto liderazgo, no sin conflictos, donde hay líderes hay oposición. La vida social es más o menos intensa pero con altibajos en el tiempo; en barrios donde hubo una agrupación como Comisión Fomento o Club Deportivo y no fueron capaces de realizar una transferencia generacional hoy se encuentran más disgregados. En otros, surgen nuevos liderazgos y movimientos barriales capaces de promover actividades culturales, sociales, etc… (hombre, 30 años)
“Una cultura consiste en las formas de pensar, sentir y actuar, socialmente adquiridas, de los miembros de una determinada sociedad.” (Harris, M. 1990, pág. 32)
Hay un estilo de ser costense… la forma de vestirse, las mascotas, el asadito del domingo, el jardín, la estufa… la identidad exige un formato que cobre sentido desde un modelo que abarca la “Identidad” concebida como quiénes somos, y como “Identificación” en el cómo somos desde los rasgos compartidos por el barrio/comunidad. El contexto va condicionando la forma de ser y estar desde lo naturalizado de la pertenencia al grupo, lo diferente genera interrogantes…

“Hace poco estaba de paso con mi hijo de ocho años en Montevideo, iba por 8 de Octubre y me dice “pobre la gente de Montevideo”. Le pregunté por qué decía eso y me contesta “¿no ves cómo viven?” (hombre, 44 años)
… modo de “ser y estar” en el mundo, es una metáfora de representación mental y vincular que el yo establece con su propio cuerpo, con los otros y el mundo circundante en mutua afectación permanente. Toda identidad se construye por negociación con diferentes alteridades.

Hoy asistimos y formamos parte de la crisis de identidad que hace a los sujetos y a los grupos, los vínculos son inestables y los referentes institucionales hasta ayer reaseguradores (Familia; Escuela; Estado) hoy se desfondan. Enfrentamos “una conmoción” respecto a los valores, normas, certezas y una redefinición de la temporalidad en la subjetividad que dificulta a los adultos posicionarse como modelo referente de los jóvenes. La Ciudad de la Costa no está exenta de esto y corre el riesgo de provocar “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vincula la experiencia contemporánea del individuo con las de las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños… los jóvenes… crecen en una suerte de presente permanente, sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo que viven.” (Hobsbawm, E.; 1995)

En la sociedad actual – dual – de ganadores y perdedores, de integrados y excluidos, la lucha por ocupar un lugar en la dinámica social genera también individuos simbólicamente desligados de lo social y de la herencia de un capital cultural, familiar, relacional y afectiva. Es que el quiebre con la identidad – de grupo referente, continente – corre el riesgo de “fabricar” a “otro negativo” a destruir/excluir… acá hay familias que llevan 3 generaciones de desocupados y otras que nacieron, crecieron, estudiaron y que hoy trabajan y residen en la zona …

“…nosotros armamos esto que ahora se llama asentamiento… pero esto era un barrio como cualquiera del balneario, solo que queda al norte… todos trabajábamos… hoy somos mal vistos…” (hombre, 55 años)

“…cuando nos vinimos a Montevideo el sueldo de empleado público no nos daba para un alquiler por eso nos vinimos acá y construimos la casa, al norte porque era lo que podíamos… muchos de los vecinos son del interior pero todos con familia y trabajábamos…” (mujer, 61 años)

Augé plantea que: “Esta simbolización del espacio constituye para quienes nacen en una sociedad dada un a priori partiendo del cual se construye la experiencia de todos y se forma la personalidad de cada uno: en este sentido, esa simbolización es a la vez una matriz intelectual, una constitución social, una herencia y la condición primera de toda historia, individual o colectiva. En términos más generales, forma parte de la necesidad de lo simbólico que ha señalado Lévi-Strauss y que se traduce mediante un ordenamiento del mundo del cual el orden social (las relaciones instituidas entre las gentes) es sólo un aspecto.” (Augé, M. 1998, pág. 16)

Emerge un mundo con una compleja realidad a comprender e integrar tanto en lo individual como en lo colectivo. Esta realidad es además, atravesada por un “discurso oficial” reforzado por los medios de comunicación que contraponen escenarios… convivimos entre el descrédito y la idealización… y las certezas tan necesarias para la vincularidad!

El lenguaje juega un papel fundamental ya que es constitutivo del simbolismo social. Surge ambiguo en su cualidad de “doble negación”: la verdad no es “ni buena ni mala” sino que está en una “…esfera diferente de las identidades de clase. Ese lenguaje relativiza la significación y presenta las cuestiones desde el punto de vista de la implicación, la influencia y la relación. Mientras el lenguaje sociopolítico de la identidad establece las relaciones entre un individuo y las diversas colectividades de que él forma o no parte, el lenguaje psicofilosófico de la alteridad presenta la cuestión de la relación entre las personas o, más ampliamente, de la relación entre lo mismo y lo otro.” (Augé, M. 1998, pág. 85).

“…la convivencia es bien de barrio, no tenes problema de pedirle al vecino, te saludas con todos, es muy normal…” (mujer, 19 años – reside al norte)
“… es muy complicado por las barras, los grupos de los diferentes “barrios”. Si uno está mal con uno de la otra barra, ta! Se arma… todos están en contra y corres riesgo de que te hagan paté… por eso tenes que ser conocido de todos y llevarte bien.” (hombre, 18 años – reside al sur)
Hablar de diversidad cultural como otro condimento que hace a esta realidad local y que deja atrás la “falsa” ilusión de homogeneidad, nos lleva a pensar e integrar a Otros culturalmente diferentes, portadores de equipajes culturales diferentes, con códigos diferentes… La diversidad cultural es tensión entre lo universalmente establecido y lo relativo de esta realidad (adictos, planchas, intelectuales, políticos, obreros, locatarios, recién llegados, etc.).
Pensar en ese Otro que forma parte de nuestra proximidad y que tiene diferencias socioculturales-politicas-economicas-ideologicas nos lleva inevitablemente a considerar lo heterogéneo de los mundos que se entrelazan naturalmente en lo cotidiano y que obturan su visibilidad, complejizando aún más la cotidiana.
“…acá todos nos conocemos y nos llevamos bien… la mayoría es de izquierda, son los que tienen estudio pero hay gente como uno que es tradicional pero claro somos los pobres, de trabajo nomás…” (hombre, 57 años)
Mundos heterogéneos en los que se entreteje la dimensión individual y los mundos sociales penetrados y estructurados desde lo ideológico.
“Lo bueno de acá son las motos, los amigos, la calle. Hay más libertad, tranquilidad y paz que en Montevideo.” (mujer, 19 años).
Al reconocer la diversidad de los grupos que conviven en la zona, se evita obturar y reducir la mutua afectación habilitadora de lo novedoso. Hoy, el escenario cultural complejiza la realidad porque desde hace unos años se convive con grupos de jóvenes “culturalmente” diferente: barras de barrios, de drogadictos, de motoqueros, de picadas de autos que interpelan. El otro encuentra su lugar, muchas veces como moda étnica desvalorizada para algunos (adicciones; barra brava) o sobredimensionada para otros (picadas de motos o autos) generando micro identificaciones en el que convergen rasgos del mundo actual (lo que sucede acá sucede en otros lados).
“…antes te saludabas con todos pero ahora no sabes quién vive enfrente o al costado de tu casa y los jóvenes se mudan porque entienden que en Montevideo tenes todo…” (hombre, 24 años)

“…acá vos te vestís como se te ocurre, hablas a tu forma, haces lo que queres, a quién le importa? si no te dan de comer!… el porro… se fuma mucho porro y eso esta bueno…” (mujer, 20 años).

La fragmentación social es una limitante para la viabilidad del desarrollo sustentable y la calidad de vida de las personas. El reto es pensar cómo fomentar la reconstrucción o neo construcción del tejido social… a través de potenciar el ser y estar en la zona? es desde la noción de vecindad local? es desde los proyectos comunitarios ? es desde la historización? es desde la tecnología? es desde los recursos naturales? desde la educación? desde los medios de comunicación? desde el deber ser… o tal vez, desde el ser! uno y múltiple!

Augé plantea que la libertad individual puede tener un “no lugar” y lo define como: “Un espacio en el que ni la identidad, ni la relación ni la historia estén simbolizadas se definirá como un no lugar, sólo que esta definición puede también aplicarse a un espacio empírico preciso o a la representación que tienen de ese espacio los que se encuentran en él. Lo que para algunos es un lugar, puede ser un no lugar para otros y viceversa.” (Augé, M. 1998, pág. 139) Estos “no lugares” provocan malestar individual y colectivo, resintiendo el vinculo.

En términos generales, la cotidianidad en la Ciudad de la Costa, transcurre en muchos aspectos de forma similar a lo que sucedía en los apacibles días de allá y entonces. Aunque la dinámica actual sobrepasa los discursos y quedan restos no dichos, no considerados, no visibilizados…. hoy se dan fuertes procesos de desplazamiento social y los habitantes están atravesados por múltiples pertenencias que diseñan una suerte de “colcha de retazos” que hay que re – armar para que su potencial colorido devenga construcción cultural, única y diferente del resto del Departamento de Canelones y de Montevideo, en la que la desconfianza y el temor tome otros destinos. En esto andamos… en construcción!
Historias….
“Los días de lluvia… cuando era chica y llovía, se desbordaban los lagos del barrio y el agua llegaba a los patios de los vecinos y al de mi casa también. Y con el agua llegaban bagres enormes que flotaban en el patio de casas y mi madre decía “llueve, hoy comemos pescado…”, hoy si llueve las napas se contaminan, qué loco no?…” (mujer, 40 años)

“La condesa…. Cuando recién llegue y trabajaba como médico, un día me vinieron a buscar… no había teléfono… para que atendiera a un enfermo en una casa que queda cerca de la mía…. cuando llego me atiende una señora mayor muyyyy elegante y vestía de largo….. me dijo “…es mi esposo el que está enfermo…” cuando entro al salón había un joven recostado en un diván frente a la estufa… era su esposo y ella empezó a contarme que era una condesa con título y todo…. después siempre la veía pasear a su perro ovejero alemán, llamado Apolo… ella lo paseaba de vestido largo y parecía una dama de las películas…” (hombre, 75 años)

BIBLIOGRAFIA
• Augé, M. (1998) “Hacia una Antropología de los Mundos Contemporáneos.” España. Editorial Gedisa.

• Caetano, G. (1995) “Historicidad y temporalidad. Apuntes para una nueva relación con el tiempo.” En: Lo arcaico, temporalización e historización. IX Jornadas Psicoanalíticas de APU, 1995

• Gravano, A. (2003) “Antropología de lo barrial.” Buenos aires. España Editores.

• Harris, M. (1990) “Antropología Cultural.” España. Alianza Editorial.

• Hobsbawm, E. (1995) “Historia del Siglo XX. España. Editoril Grijalbo.

• Wiensenfield, E. (1996) “El significado del barrio. Un estudio Psicosocial.” En: revista Avespo – Publicación en Revista de la Asociación venezolana de Psicología Social. Caracas

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